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27 de marzo del 2008
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En el 131º periodo ordinario de sesiones de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) llevado a cabo recientemente en Washington D.C., uno de los temas de discusión y también de preocupación fue el siguiente: en el seno de la Comisión de Asuntos Jurídicos y Políticos (CAJP) de la Organización de Estados Americanos (OEA) han surgido y avanzado diversas propuestas para reformar el Sistema Interamericano de Derechos Humanos. La CAJP está integrada por los representantes de los Estados miembros, a diferencia de la CIDH que, como se sabe, está integrada por expertos independientes elegidos directamente por la Asamblea General de la OEA. Por cierto, todas estas propuestas de reforma del sistema interamericano postulan su mejora y perfeccionamiento, noble propósito en el que todos estamos de acuerdo, inclusive los propios comisionados de la CIDH, quienes son conscientes que hay aspectos que mejorar en el sistema (como agilizar la tramitación de la peticiones). Sin embargo, estas propuestas no se formulan en el vacío sino que vienen precedidos de antecedentes y se sitúan en un contexto en el que, lamentablemente, no todas han sido buenas intenciones por parte de algunos Estados miembros. En efecto, conforme el sistema interamericano ha ido avanzando en la protección de los derechos fundamentales reconocidos en la Convención Americana y en otros instrumentos de la OEA, ha venido resultando cada vez más incómodo a algunos Estados miembros y, en especial, a algunos Gobiernos de turno. Por ello, en más de una ocasión algunos representantes estatales han utilizado el argumento de la reforma del sistema interamericano como “Caballo de Troya” para intentar, en realidad, debilitarlo. El primer intento que se recuerda en esa línea es el que lideró el Gobierno del Perú durante el fujimorato en los noventas, a través de la entonces embajadora peruana ante la OEA. Con ello no negamos que hayan Estados miembros de la OEA que, con auténtica sinceridad, desean mejorar el sistema interamericano, pero lamentablemente la historia reciente muestra también intentos en sentido contrario ante las cuales, por cierto, hay que estar alertas. Al respecto, en una reunión con representantes de la sociedad civil llevada a cabo el pasado 11 de marzo en Washington D.C., el Secretario Ejecutivo de la CIDH reafirmó dos principios básicos que deberían ser claves en cualquier reforma del sistema interamericano de derechos humanos:
¿Qué propuestas concretas de reforma del Sistema Interamericano de Derechos Humanos han surgido ahora en el seno de la CAJP? La información al respecto es escasa pero, entre otras, resaltan dos planteamientos:
Ahora bien, los responsables principales de la escasez de recursos económicos de la CIDH son, precisamente, los Estados miembros, que no cumplen con aprobar, en el marco de la OEA, un mayor presupuesto para la Comisión, a pesar que ésta viene pidiéndolo desde hace mucho tiempo. Por ende, también hay una co- responsabilidad de los Estados en esta demora de la CIDH para resolver las peticiones. Por otro lado, esta propuesta de que las peticiones caducarían o se archivarían si transcurre un plazo determinado sin ser admitidas, colisionaría frontalmente con el carácter imprescriptible de las graves violaciones a los derechos humanos. Desde la perspectiva de la protección de los derechos fundamentales, no hay duda que ésta es una propuesta que debilitaría y no fortalecería el sistema interamericano. Lamentablemente, uno de los autores de esta increíble propuesta fue el entonces embajador del Perú ante la OEA, Ántero Flores-Aráoz. Don Ántero es una persona inteligente y afable en el trato personal pero, a la vez, no podemos dejar de mencionar que ha sido líder de opinión en tres temas de gran interés para el actual Gobierno del APRA y, en especial, para el Presidente Alan García. En efecto, ha sido líder de opinión en contra del Tribunal Constitucional (y autor de más de un proyecto de ley para recortarle prerrogativas), en contra las organizaciones de la sociedad civil (y autor de algunas de las normas de control de las ONG) y en contra de algunas decisiones del Sistema Interamericano de Derechos Humanos. Confiamos que esta propuesta de don Ántero no prospere, pues supondría un grave retroceso en la protección de los derechos humanos por parte del sistema y, por ende, un grave retroceso en la protección de los derechos de los peruanos y peruanas. Recordemos que hasta el propio Presidente García fue beneficiario de informes y medidas de la CIDH en contra del fujimorato. [1] Reunión entre Santiago A. Cantón, Secretario Ejecutivo de la CIDH y representantes de la sociedad civil, 131º periodo ordinario de sesiones, Washington DC, 11 de marzo del 2008, p. 1. |
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